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29.4.12

Lluvia de otoño

Miró la calle. Aquella calle donde empezó todo. Una parada de autobús empapada bajo la fría lluvia de otoño. El silencio, la lluvia produce ese fenómeno por aquí. La gente se esconde en casa al verla llegar. Todos menos ellos. Ellos tenían algo mejor que hacer, no podían cancelar aquello por unas simples gotas. Ni siquiera se lo plantearían. Los recuerdos inundaron su mente. Aquella parada. La lluvia. El frío. Los nervios. Aquel amigo con el que perdió la relación. La mano helada. El silencio. Las miradas. La inmensa felicidad de aquel momento. Los latidos incansables del corazón. Un beso. Una mirada que lo decía todo.

Su mente volvió al presente rápido. Aquella parada ahora cambiada de sitio. La marca en el suelo de su lugar original. La larga calle. El punto de encuentro durante tanto tiempo. Miró la calle y, después, le miró a él. El tiempo había pasado para ambos. Estaban más altos. Más guapos, ¿por qué negarlo?. Más relajados. Más felices. Más seguros. 
El sueño sólo está empezando todavía.

12.1.11

Palabrería.

Caminaba firmemente entre los párrafos. Se echaba a descansar sobre las oraciones interrogativas y bailaba con las subordinadas. Se detenía en cada palabra observando su belleza y sonreía ante cada punto y seguido. Saltaba cuando llegaba a los a parte, y las mayúsculas le producían temor, pero cuando veía las vocales se sentía tranquilo. Aquellas pequeñas e inocentes vocales. Se fijaba en cada letra, en sus gestos y expresiones. Muchas de ellas se escapaban asustadas dejando un simple "etc" como sustituto, pero otras, en cambio, al verle crecían e iban adjuntando sufijos hasta crear palabras expléndidamente largas y sofisticadas. Cuando llegaba al último punto, se sentaba sobre él, mirando todo lo que había por encima y suspiraba cansado, pero feliz de haberlas visitado.

22.6.10

Él no quería nada más.

El sol se dejaba ver poco por allí. Le creían tímido, temeroso, amante de las nubes. Siempre tras ellas, día tras día. Nunca se dejaba ver. Algunas personas incluso fantaseaban y contaban historias inventadas sobre los viejos tiempos. "Hace muchos años nos bañábamos al sol, leíamos al sol y nos divertíamos al sol" Los jóvenes soñaban con verlo y nunca ocurría. Algunos empezaban a creer que no existía. Que, quizá, se tratase de una leyenda, de un mito.

Pero Alfred sabía que era real. No por lo que le habían contado, sino por lo que había leído. Sabía más de astronomía que cualquiera de los adultos de la zona, y estaba completamente seguro de que pronto vendría el esperado sol. Según sus cálculos faltaban sólo dos semanas, tres días y cuarenta y cinco minutos. "Ya veréis, al sol va a salir, lo dicen los libros!" Lo repetía cada momento, a todas las personas, con la ilusión que sólo un niño puede mostrar. Pero le tomaban por loco. "¿Los libros? Los libros sólo cuentan bobadas" "Déjate de chorradas niño!" "Tú no sabes nada de la vida"

El se iba siempre solo, se sentaba en una piedra al lado del río y miraba a lo lejos. Pensaba en que nadie le entendía. En que nunca le iban a creer, peor estaba tan seguro de su predicción que ni le importó lo más mínimo. Estaba acostumbrado. Le tomaban por loco por pasarse los días leyendo y tratando de aprender cosas nuevas. "Chico, disfruta, que cuándo seas mayor ya tendrás tiempo para estudiar. Ponte a jugar a algo con los demás" Creían que no tenía amigos, pero sí los tenía. Dentro de sus libros tenía muchísimos. Tenía dese perros con antifáz hasta abuelos con barbas blancas. Tenía amigos que iban a la playa e incluso algunos que salvaban el mundo. Conocía millones de países diferentes y muchísimas culturas distintas, y no, no se sentía sólo. Le gustaba pasear y escuchar el agua caer de la cascada, tumbarse en el suelo a leer o mirar la naturaleza. Y observaba de lejos a la gente del pueblo lamentarse de una y otra cosa. Le decían que jugase, que se dejase de tonterías, pero él, no veía por allí nadie con quien jugar. Los niños estaban demasiado ocupados en sus casas con sus videoconsolas y eso a él no le gustaba. Él prefería la calle, los libros y la naturaleza, a pesar de que nunca diese el sol, sabía desde hacía cinco meses que el día 16 de este mes saldría y lo esperaba con ansias.

Dormía a la interperie en la terraza de su casa esperando que pasara rápido. Él mantenía la esperanza que todos los jóvenes y niños habían perdido. Allí ya todo estaba gris. La gente se preguntaba si Afred destacaba más por su obsesión con los libros o por su anaranjado cabello entre la oscuridad de la mayoría de habitantes. Él leyó y supo que no pertenecía a ese sitio. El leyó y supo que debería ir al colegio en alguna ciudad con bibliotecas. Pero él estaba allí, rodeado de gente que quería sentir que estaba modernizada, rodeado de gente a la que sólo le interesaba el dinero o la fama. Pero él nunca perdió la esperanza.

Y un buen día, el sol se dejó ver por allí. Sorprendiendo a los aburridos habitantes, dejando caer a algún desmayado por el susto e incluso rescatando viejas cámaras fotográficas que habían sido olvidadas en los cajones y que ese día merecían se utilizadas. Todo el mundo gritaba y saltaba, decían que Alfred era un enviado de Dios, que había predicho ese momentos. que debería dedicarse a adivino, o ir a la gran ciudad, a la universidad, a ser hombre del tiempo de la televisión y vestirse cada noche y cada mañana y cada mediodía de traje.

Pero Alfred se limitó a tumbarse con un libro bajo la cabeza y las piernas cruzadas, mirando al cielo iluminado, sintiéndose simplemente feliz y satisfecho. Deseando simplemente leer y convivir con la naturaleza, que era lo que a él le gustaba. Sin tener que pensar en las aspiraciones que las personas un día pensaron para él. Porque él no quería nada más.

11.3.10

Libertad.

Se sentó en el suelo sin decir nada, justo sobre el dibujo de una X que había dibujada. Sin saber porqué, se sentó allí, en medio de esa plaza donde había tanta gente caminando en todas direcciones. Unos caminaban deprisa hablando fuertemente por sus móviles, otros hacían fotos a la fuente, o incluso a ella. Otros paseaban tranquilos y enamorados, y tampoco faltaban grupos de amigos riendo y disfrutando del fin de semana soleado. Pero Nerea se limitó a sentarse ahí. De sentó en posición india, llevaba unos pantalones rojos y una camiseta negra que caía por sus brazos dejando al descubierto sus morenos hombros por los que le caía su preciosa melena. Tenía la cabeza baja, en realidad, apenas se daba cuenta de toda la gente que la observaba, sólo se sentía libre, libre por la simple sensación de haberse sentado ahí sin hacer absolutamente nada. De vez en cuando, alzaba la vista y observaba a la gente, había mucha gente que tenía que desviar su camino para no pisarla, en realidad ella estaba molestando, pero no le importaba. Algo le decía que debía sentarse en esa cruz y así lo hizo... Y por alguna extraña razón, fue la primera vez en mucho tiempo que se sintió tan libre...

2.1.10

Hechizo

"Hacía frío, mucho frío. Fuera estaba lloviendo, o quizás nevando. Quien iba a saberlo en aquel momento. Ninguno de los dos íbamos a mirar por esa ventana fría y oscura. Ninguno de nosotros era capaz de interrumpir ese silencio. No, no en esos momentos. Ese momento no podíamos interrumpirlo, ni tan siquiera sabíamos qué decir. Nada sería suficiente, y los dos teníamos miedo de estropearlo, tal vez teníamos miedo de que acabase ya. No, nosotros queríamos estar así siempre. Sin movernos, sin hablar, simplemente tal y como estábamos en ese instante. Oyendo nuestros corazones palpitar al mismo ritmo desordenado y nuestras respiraciones relajadas…"


15.12.09

Miradas complíces

"Entonces fué cuando lo entendí todo. Todo, todo lo que había pensado cuando aún era una niña resultó ser real. Me quedé blanca, o tal vez roja, o incluso amarilla. Cuando ví su reacción no podía creerlo. Todo lo que de pequeña creí se había echo realidad. Y de esa manera tan extraña y violenta. No, no podía ser. Mi mirada asustada se paró en sus ojos, pero me evitaron como quien evita ser atropellado en un cruce sin paso de peatones. Me evitaron y continuaron con lo suyo, y yo me quedé fría, blanca. Estaba asustada, no sabía si feliz o no, porque no sabía si eso era bueno o no. Y de pronto ese silencio. Esas miradas, esas lágrimas. Ahí fue cuando me dí cuenta de todo. Así que era cierto. Todo era verdad. No podía creer lo que estaba pasando por nuestras cabezas en esos momentos."




EL texto me ha salido así de la nada y tenía que escribirlo.