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29.4.12

Lluvia de otoño

Miró la calle. Aquella calle donde empezó todo. Una parada de autobús empapada bajo la fría lluvia de otoño. El silencio, la lluvia produce ese fenómeno por aquí. La gente se esconde en casa al verla llegar. Todos menos ellos. Ellos tenían algo mejor que hacer, no podían cancelar aquello por unas simples gotas. Ni siquiera se lo plantearían. Los recuerdos inundaron su mente. Aquella parada. La lluvia. El frío. Los nervios. Aquel amigo con el que perdió la relación. La mano helada. El silencio. Las miradas. La inmensa felicidad de aquel momento. Los latidos incansables del corazón. Un beso. Una mirada que lo decía todo.

Su mente volvió al presente rápido. Aquella parada ahora cambiada de sitio. La marca en el suelo de su lugar original. La larga calle. El punto de encuentro durante tanto tiempo. Miró la calle y, después, le miró a él. El tiempo había pasado para ambos. Estaban más altos. Más guapos, ¿por qué negarlo?. Más relajados. Más felices. Más seguros. 
El sueño sólo está empezando todavía.

17.9.10

...

Diferentes. Opuestos. Contradictorios.

Playa y montaña.
Avión y coche.
Alboroto y tranquilidad.
Antisocial y social.
Desorden y orden.
Edificios, coches, deportes/psicología, libros, escribir...

Diferentes. Opuestos. Contradictorios.

Supongo que nos gusta aquello que nos sorprende, que nos despierta esa curiosidad, el porqué te gustan tanto los coches, o como es que tienes esa pasión por las montañas.
Nos gusta lo que admiramos, y yo admiro tu forma de ser con la gente que te rodea y te importa.
Nos gusta discutir sobre nuestras diferencias, contrastar con puntos de vista diferentes.
Pero sobretodo, lo que a mí más me gusta, es ver que entre tanta diferencia hay siempre algún punto igual, es ver que en el fondo, las diferencias acaban por parecer mínimas.
Y que me digas, "mírame", y sea suficiente para entenderlo todo.
Te quiero

8.9.10

Satisfacción.

Dicen que en septiembre la gente viene con muchos propósitos. Igual que cuando se empieza el año nuevo, la gente siempre piensa cosas que hacer: dejar de fumar, apuntarse al gimnasio, estudiar más o ser mejor en su trabajo, encontrar pareja, aprender a hacer algo, apuntarse a clases de baile, ser mejor persona, ser más sociable, hacer dieta... Luego cuando llega el momento de hacerlas algunas se echan atrás. Pero, al fin y al cabo, siempre hace ilusión empezar de nuevo.

Para mi este es un año de empezar de nuevo todo. Empezar una nueva etapa, esa que esperaba y deseaba, esa a la que no sabía si conseguiría llegar, en unos días, empezará. Despues de tanto esperar, imaginar, hablar de ello, esforzarme para conseguirlo, los lloros, los gritos, las valerianas, los abrazos de animo, las discusiones tontas, los nunca lo conseguiré, las noches en vela, con un café y la cama llena de apuntes, el escritorio lleno de apuntes, y un escritorio "postizo" que puse, tambien lleno. Despues de todo eso, al final llegó. Llegó la alegría, aunque también la decepción. No todo fue como deseabamos, no. Algunos dicen que no disfruté el momento, que no me alegré suficiente. Puede. Puede que algunas veces,cuando te llevas una gran alegría, es más importante acompañar a quien no se la lleva.


Pero tras el paso del tiempo, un verano estupendo, y las cosas arregladas más o menos para todos, puedo sentirme feliz. Creo que estoy en la nube que me venía esperando bastante tiempo, ahora me siento bien. Con ganas, muchas ganas de empezar, conocer a toda la gente, aprender muchísimas cosas. Me siento satisfecha de haberlo conseguido. Siento que, por una vez, me lo merezco, aunque quede mal que lo diga yo.
Me gustaría que fuese de otra forma, que fuese igual para muchos otros, pero siento que al final todo va a salir bien. Creo que al final todo el mundo tiene lo que se merece, y, aunque no siempre es cuando toca, a lo mejor las cosas pasan así por algo. cada momento que vivimos nos hace crecer como personas, y cada etapa nos enseña algo nuevo. A veces nos toca pasar por unas etapas, el camino puede hacerse más largo o más corto, pero al final, si no te rindes, acabarás llegando a la meta, y la alegría será inmensa.

Hoy puedo decir que estoy feliz, satisfecha, enamorada, y que llevo todo el día con una sonrisa en la cara, aunque esté muertísima del gimnasio, porque sí, porque yo también tengo propósitos :)

22.6.10

Él no quería nada más.

El sol se dejaba ver poco por allí. Le creían tímido, temeroso, amante de las nubes. Siempre tras ellas, día tras día. Nunca se dejaba ver. Algunas personas incluso fantaseaban y contaban historias inventadas sobre los viejos tiempos. "Hace muchos años nos bañábamos al sol, leíamos al sol y nos divertíamos al sol" Los jóvenes soñaban con verlo y nunca ocurría. Algunos empezaban a creer que no existía. Que, quizá, se tratase de una leyenda, de un mito.

Pero Alfred sabía que era real. No por lo que le habían contado, sino por lo que había leído. Sabía más de astronomía que cualquiera de los adultos de la zona, y estaba completamente seguro de que pronto vendría el esperado sol. Según sus cálculos faltaban sólo dos semanas, tres días y cuarenta y cinco minutos. "Ya veréis, al sol va a salir, lo dicen los libros!" Lo repetía cada momento, a todas las personas, con la ilusión que sólo un niño puede mostrar. Pero le tomaban por loco. "¿Los libros? Los libros sólo cuentan bobadas" "Déjate de chorradas niño!" "Tú no sabes nada de la vida"

El se iba siempre solo, se sentaba en una piedra al lado del río y miraba a lo lejos. Pensaba en que nadie le entendía. En que nunca le iban a creer, peor estaba tan seguro de su predicción que ni le importó lo más mínimo. Estaba acostumbrado. Le tomaban por loco por pasarse los días leyendo y tratando de aprender cosas nuevas. "Chico, disfruta, que cuándo seas mayor ya tendrás tiempo para estudiar. Ponte a jugar a algo con los demás" Creían que no tenía amigos, pero sí los tenía. Dentro de sus libros tenía muchísimos. Tenía dese perros con antifáz hasta abuelos con barbas blancas. Tenía amigos que iban a la playa e incluso algunos que salvaban el mundo. Conocía millones de países diferentes y muchísimas culturas distintas, y no, no se sentía sólo. Le gustaba pasear y escuchar el agua caer de la cascada, tumbarse en el suelo a leer o mirar la naturaleza. Y observaba de lejos a la gente del pueblo lamentarse de una y otra cosa. Le decían que jugase, que se dejase de tonterías, pero él, no veía por allí nadie con quien jugar. Los niños estaban demasiado ocupados en sus casas con sus videoconsolas y eso a él no le gustaba. Él prefería la calle, los libros y la naturaleza, a pesar de que nunca diese el sol, sabía desde hacía cinco meses que el día 16 de este mes saldría y lo esperaba con ansias.

Dormía a la interperie en la terraza de su casa esperando que pasara rápido. Él mantenía la esperanza que todos los jóvenes y niños habían perdido. Allí ya todo estaba gris. La gente se preguntaba si Afred destacaba más por su obsesión con los libros o por su anaranjado cabello entre la oscuridad de la mayoría de habitantes. Él leyó y supo que no pertenecía a ese sitio. El leyó y supo que debería ir al colegio en alguna ciudad con bibliotecas. Pero él estaba allí, rodeado de gente que quería sentir que estaba modernizada, rodeado de gente a la que sólo le interesaba el dinero o la fama. Pero él nunca perdió la esperanza.

Y un buen día, el sol se dejó ver por allí. Sorprendiendo a los aburridos habitantes, dejando caer a algún desmayado por el susto e incluso rescatando viejas cámaras fotográficas que habían sido olvidadas en los cajones y que ese día merecían se utilizadas. Todo el mundo gritaba y saltaba, decían que Alfred era un enviado de Dios, que había predicho ese momentos. que debería dedicarse a adivino, o ir a la gran ciudad, a la universidad, a ser hombre del tiempo de la televisión y vestirse cada noche y cada mañana y cada mediodía de traje.

Pero Alfred se limitó a tumbarse con un libro bajo la cabeza y las piernas cruzadas, mirando al cielo iluminado, sintiéndose simplemente feliz y satisfecho. Deseando simplemente leer y convivir con la naturaleza, que era lo que a él le gustaba. Sin tener que pensar en las aspiraciones que las personas un día pensaron para él. Porque él no quería nada más.

19.4.10

Entonces lo dividí en dos.

El día estaba siendo raro, raro pero alegre, alegre y soleado, soleado y con esa brisa de primavera. Se estaba realmente bien y a pesar de que ella estaba siendo una pesada ambos estaban disfrutando de cada segundo de conversación, estaban riendo de todo, paseaban cogidos de la mano, charlando alegremente sobre cualquier tema absurdo. Y entonces, se sentaron en ese banquito al sol al lado del parque mientras se comían un delicioso palo de chuchería.


-Eh, atento!

-¿qué?

-… La vida es larga!

- jajaja, como un palo, no?

-Puede que la vida sea algo tan simple como un palo de sandía. Uno de esos palos de chuchería tan ricos, verdes cubiertos de pica-pica y rellenos de algo rojo. Esos palos que son más largos que un palo normal. Nuestros favoritos.

Digamos que tú eres el interior rojo del palo, estás cubierto de una coraza verde, que sólo en algunas ocasiones te quitas, cuándo verdaderamente te sientes bien, confiado. Esa coraza es gruesa, y no es mala del todo, ella no te oculta, al contrario, ella es parte de ti, es como tu personalidad, pero ella está por fuera porque lo rojo es más personal, como los sentimientos.
Los puntitos de pica-pica son la gente que te rodea, toda la gente que hay a tú alrededor, vecinos, familiares, compañeros de clase… Y con ese pica-pica pasa lo mismo que con la gente. Tú lo chupas y algunos puntitos desaparecen, entonces sólo quedan lo que serían las personas que te caen bien, las personas con la que tienes algo de relación.
Pero al chupar una vez más el palo, descubres que sólo quedan unos 4 o 5 puntitos de pica-pica, esos que corresponden a la gente verdaderamente importante para ti. Las personas a las que quieres y te quieren y que nunca te dejarán.


-Y tú? Dónde estás entonces?

Cogí la parte roja del interior del palo, le di un pequeño mordisquito y lo dividí en dos.

-Yo estoy ahí, contigo en tu interior, si me dejas… J Yo soy la parte grande, tú la pequeña, por ser más delgado…

Y luego todo se resumió en calcular cómo hacer mi parte más bajita, para hacerlo más realista, una sonrisa, un beso y un rato riéndonos juntos.