Ver esa cara que se te quedó, de sorpresa, de no entender nada, de no creértelo y no asimilarlo al principio. Esa cara de ¿cómo es posible? y de morirte de ganas de llegar allí. Y una vez allí... esa sonrisa de ilusión, esos nervios, esos ojos brillantes. Y una hora y media de no parar de reír y llorar de risa. Inolvidable. Pero como te dije... me quedo con la carita que se te quedó. (L)
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